Una instalación de aerotermia no se compra como un electrodoméstico. El equipo es la parte más visible, pero no puede funcionar por sí solo: necesita conectarse a la vivienda, producir el calor y el agua caliente previstos, coordinarse con los emisores y quedar configurado para un uso concreto. Dos ofertas con una cifra final parecida pueden estar describiendo trabajos muy diferentes. El problema aparece cuando se comparan ambas como si ofrecieran exactamente lo mismo. Una puede incluir adaptación hidráulica, protecciones eléctricas, acumulación de agua caliente, soportes, retirada de la caldera y puesta en marcha. Otra puede limitarse al suministro y montaje de los equipos principales. La diferencia no siempre se descubre hasta que la obra ha comenzado y aparecen partidas que nadie había explicado. El Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios, el RITE, exige que las reformas comprendidas en su ámbito cuenten con la documentación técnica que corresponda y que el diseño justifique sus parámetros. El presupuesto comercial no sustituye ese proyecto o memoria técnica, pero debería ser compatible con ellos y permitir entender qué se está contratando.

El nombre del equipo no describe toda la instalación

Marca y modelo sirven para identificar lo que se ofrece, consultar su documentación y evitar que una referencia genérica se convierta después en otra distinta. También conviene que aparezcan las unidades interiores y exteriores, la acumulación de agua caliente cuando exista, los elementos hidráulicos principales y los controles. Una denominación como “aerotermia completa” no permite saber qué componentes forman realmente el conjunto. La potencia tampoco debería presentarse como una elección aislada. El RITE prevé que la documentación de diseño incluya el cálculo de la potencia instalada y haga explícitos los parámetros elegidos. Para un propietario, la pregunta práctica es sencilla: ¿qué datos de esta vivienda han llevado a seleccionar esta configuración? Si la única respuesta son los metros cuadrados, falta explicar cómo se han considerado clima, aislamiento, ventanas, uso y emisores.

La parte hidráulica suele concentrar muchas diferencias

Cambiar el generador obliga a estudiar cómo se conecta con el circuito existente. Puede ser necesario modificar tuberías, bombas, vasos de expansión, válvulas, filtros, depósitos o sistemas de control. No todos estos elementos aparecen en todas las instalaciones ni tienen por qué resolverse del mismo modo, pero el alcance debe quedar descrito. De lo contrario, es imposible saber si dos ofertas están resolviendo el mismo problema. Los radiadores merecen una explicación propia. Una bomba de calor puede trabajar con radiadores existentes cuando la emisión disponible cubre la necesidad de las habitaciones en las condiciones previstas. Eso no se deduce simplemente contando elementos. El presupuesto debería aclarar si los emisores se han revisado, si se propone adaptar alguno y qué hipótesis de funcionamiento se ha utilizado.

Calefacción y agua caliente no son la misma necesidad

ACS significa agua caliente sanitaria: la que se utiliza en duchas y grifos. Aunque una instalación pueda atender calefacción y ACS, son servicios distintos. El volumen de acumulación, la ubicación del depósito, las prioridades de funcionamiento y las necesidades habituales de la vivienda forman parte de la solución. Si el presupuesto menciona “agua caliente incluida” sin describir cómo se produce y almacena, queda una decisión importante sin definir. También debe quedar claro qué ocurre con el sistema anterior. Retirar una caldera, un depósito o determinados componentes puede exigir trabajos que no están incluidos en todas las ofertas. En otros casos se plantea conservar parte de la instalación. Cualquiera de las dos opciones puede ser deliberada, pero debe aparecer por escrito para evitar que el propietario descubra después que la retirada, el transporte o la gestión de los equipos antiguos se factura aparte.

La conexión eléctrica no debería quedar en una nota al margen

Una bomba de calor utiliza electricidad y necesita una alimentación, protecciones y condiciones de instalación acordes con el equipo y con la normativa aplicable. La propuesta debería indicar quién revisa el cuadro, quién ejecuta las adaptaciones y qué trabajos se incluyen. Esto no significa que todas las viviendas tengan que aumentar la potencia contratada; significa que la cuestión debe comprobarse para el equipo elegido y para los consumos que puedan coincidir. La unidad exterior plantea otro grupo de partidas: soportes, anclajes, paso de tuberías, evacuación de condensados, medidas frente a vibraciones y acceso para mantenimiento. En un piso se añade la relación con la fachada, la cubierta u otros elementos comunes. Un dibujo sencillo de la ubicación y los recorridos suele explicar más que varias líneas comerciales ambiguas.

Obra auxiliar, puesta en marcha y documentación final

Perforaciones, rozas, albañilería, pintura o reposición de acabados pueden quedar dentro o fuera. No hay una lista universal porque cada vivienda es diferente. Precisamente por eso conviene identificar qué remates asume la empresa instaladora y cuáles deberá contratar el propietario. La expresión “obra civil no incluida” es demasiado amplia si no se explica qué trabajos se prevén. La instalación no termina cuando los equipos quedan encendidos. El RITE contempla control de la instalación terminada, certificación, puesta en servicio, instrucciones de uso y mantenimiento. En la práctica, interesa saber quién configura temperaturas y horarios, quién explica los controles y qué documentación se entrega. Garantía y mantenimiento tampoco son sinónimos: una garantía cubre determinados defectos bajo sus condiciones, mientras que el mantenimiento responde al cuidado periódico de la instalación.

Cómo comparar dos ofertas sin convertirlo en una lista interminable

Empieza por reconstruir la solución que propone cada empresa. ¿Qué necesidad térmica ha calculado, qué potencia selecciona y en qué condiciones declara que esa potencia estará disponible? Después sigue el recorrido de la energía: desde la unidad exterior hasta el circuito hidráulico, los radiadores y el depósito de ACS. Esta lectura revela enseguida si una oferta ha estudiado la vivienda o se limita a enumerar una máquina y varios accesorios. Aquí es donde dos presupuestos pueden dejar de ser comparables. Uno puede dimensionar el equipo para trabajar con los radiadores actuales después de comprobarlos; otro puede presuponer una temperatura de agua distinta sin explicar sus consecuencias. Uno puede incluir depósito, bombas y regulación; otro dejar elementos existentes cuya compatibilidad aún no se ha revisado. La diferencia decisiva no es cuántas líneas tiene el documento, sino si cada decisión técnica está conectada con una necesidad real. También conviene separar suministro, instalación y trabajos condicionados. Si una partida solo se ejecutará cuando la visita de obra confirme una necesidad, debe indicarse cómo se aprobará y valorará. Las expresiones “según necesidad”, “material diverso” o “instalación estándar” necesitan un límite comprensible: recorrido incluido, trabajos previstos y situación que produciría un coste adicional.

Qué debe quedar resuelto antes de la entrega

La puesta en marcha no consiste únicamente en comprobar que la unidad enciende. El sistema debe quedar purgado, probado, regulado y coordinado con sus controles. El usuario necesita saber cómo cambiar consignas sin desajustar la instalación, cómo identificar una alarma y a quién llamar. Si hay curva de calefacción, prioridades de ACS o apoyos eléctricos, la configuración inicial y la explicación de esos parámetros forman parte del resultado práctico. La documentación final permite saber qué se instaló realmente. Según el alcance reglamentario pueden corresponder memoria o proyecto, certificado de instalación y trámites ante la comunidad autónoma, además de manuales, garantías y esquema de la instalación. El presupuesto debería indicar quién prepara y registra cada documento. No es razonable descubrir al final que la legalización o una prueba necesaria nunca estuvo incluida.

El total solo tiene sentido cuando las exclusiones son visibles

El presupuesto debe indicar los impuestos aplicados y las condiciones que pueden modificar el importe. Permisos, medios de elevación, refuerzos, trabajos eléctricos, retirada de equipos o adaptación de radiadores son ejemplos de partidas que pueden variar según el caso. No se trata de exigir que todo esté incluido, sino de saber qué tendrá que resolverse fuera del contrato. Una oferta clara permite seguir el rastro desde las necesidades de la vivienda hasta los equipos y trabajos propuestos. Si dos presupuestos no parten de la misma información, el precio final no cuenta toda la historia. Antes de aceptar, pide que las decisiones importantes y las exclusiones dejen de ser conversaciones y pasen a formar parte del documento.

REFERENCIAS

Fuentes y referencias

  1. BOEReal Decreto 1027/2007, Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios Consultado: 2026-09-06
  2. IDAELa bomba de calor en la rehabilitación energética de edificios Publicado: 2023 · Consultado: 2026-09-06
  3. IDAEGuía práctica sobre instalaciones individuales de calefacción y agua caliente sanitaria en edificios de viviendas Publicado: 2011 · Consultado: 2026-09-06